| viernes, 21 de noviembre de 2008 |
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Página agregada o modificada: jueves, 04 de noviembre de 2004
Arco Iris Se le cree con poderes mágicos por beber el agua en las quebradas o arroyos y después depositarla con la lluvia. Si alguien acertaba a pasar en el momento preciso por una de estas fuentes de aprovisionamiento del arco, corría el peligro de ser absorbido por este y ser trasladado al otro extremo convertido en un ser del sexo opuesto, por este motivo se encerraba a los niños cuando se presenciaba el arco iris y no se les dejaba acercase a las quebradas en días de lluvia por este temor andrógino. Automóvil Negro Aparece frecuentemente después de las once de la noche y hasta la madrugada en la carretera que va desde San Antonio de Prado, Medellín, al municipio de Heliconia. Es un viejo automóvil marca Chevrolet o Mercury, negro y grande, modelo 50. en la solitaria carretera se ven faroles, se oye el ruido de su motor, sigue muy pegado a los carros que alcanza y cuando estos paran para cederle el paso, pues acosa con un lánguido pito, no se le ve pasar, pero se le observa unas cuadras adelante por sus luces rojas y el haz de luz de sus faroles. Atraviesa el pueblo de Heliconia y no se le ve pasar por la plaza de Bolívar, sitio de obligado paso, pues no hay otro lugar para hacerlo. Muchos aseguran que su conductor es un esqueleto, con sombrero blanco. Barbacoa Quienes veían a la "Barbacoa" quedaban de inmediato inconscientes, como muertos, perdiendo momentáneamente el habla. Después de las ocho de la noche se ve un andamio o camilla de madera llevado por cuatro bultos negros como de cristianos, pero sin cabezas; esta barbacoa chirrea al pasar. Además se oyen quejidos y lamentos de ultratumba. Ese tarimón, camilla o andamio es generalmente de guadua y lleva un difunto encima tapado con una sábana blanca pero arrastrando uno o los dos pies del esqueleto. Los curas aseguraban que eran almas difuntas condenadas y que el único remedio era el escapulario o el agua bendita. Durante las Guerras civiles las "Barbacoas" sirvieron para camuflar el traslado de armas; en tiempos de paz fue usada por contrabandistas de licores y tabaco. En la época de la violencia de los años cuarenta y cincuenta, las barbacoas inundaron todos los caminos de la patria y hoy es una constante pesadilla. Algunas veces las barbacoas son llevadas por los esqueletos que caminan a un metro sobre el nivel del suelo, también se les llama "El Caballero Andante", los arrastra una larga lengua que se le sale por entre los dientes crujientes. Batea En las zonas auríferas del Nordeste antioqueño, aparece un esqueleto con larga cabellera que le baja hasta la cadera y cuyo tronco es una batea como la de los barequeros o lavadores de oro. Se aparece a altas horas de la noche en los caminos solitarios y apartados, haciendo reír a sus víctimas con cosquillas hasta que finalmente revientan por las carcajadas incontenibles. Por lo regular la precede un ataúd atravesado a la vera del camino, el que impide proseguir a los viajeros, quienes al devolverse se encuentran perdidos y en manos del alma en pena de la Batea, quien pregunta a los que vienen de fiestas o parrandas: "¿Gozaste mucho?, ven yo te hago gozar el doble", y lo coge a cosquillas hasta matarlo. Bracamonte En el suroeste agreste de Antioquia es conocido el BRACAMONTE, quien vive listo para hacer fechorías como apoderarse de los críos de las vacas recién paridas. Se mantiene monte adentro, en las espesuras, por esos debe evitarse que cualquier ganado en el monte de parir lo coja la noche cerca del monte o de alguna zona enmalezada porque allí llega aterrador al estar cerca. Cuando las noches son lluviosas, repletas de truenos y de rayos se oye ese horrible bramido, haciendo que el ganado salga en estampida, se ahogue en las quebradas y los ríos, se despeñe, o les dé pestes como el carbón, la renguera, los cursos negros, el mal de tierra o el aborto en las hembras. Cuando el ganado lo oye se arremolina y se desespera. Sólo lo detienen las calaveras de los animales que se claven en los linderos de los montes. Estas calaveras deben tener cachos bien grandes y puntados, y ojalá que hayan sido de toros "patrones". Al Bracamonte nadie lo ha visto, no se deja ver. Es conseja de los hatos y haciendas ganaderas antioqueñas; en los Llanos Orientales se acostumbra enterrar vivo un toro para que sirva de deidad tutelar contra este temido monstruo. Brujas Es muy frecuente en el suroeste antioqueño y en jornadas de arriería encontrar alguna historia de brujería. Se creía que cerca de los canalones y riscos había "el patio" donde bailaban las brujas en su aquelarre los días sábado, en forma de gallinas, o como un costal negro amarrado a una escoba "Que las hay…las hay. Pero no hay que creer en ellas". Para recogerlas se utiliza el santo de San Agustín; sal y pimienta las cuales riegan y amanecen recogiéndolas; un pantaloncillo con la manga al revés; también puede regarse mostaza; no se les puede dar huevo tibio pues se pueden escapar en la cáscara. Sólo las detienen las cortadas profundas de machetes a los que han lavado previamente con agua de San Ignacio. Se cree que la brujería obedece a pactos diabólicos que hacen las séptimas mujeres de un hogar; si es séptimo un hombre, se convierte en Duende. Cabellona Se presenta en el occidente antioqueño en pueblos como Liborina, Toledo, Ituango, Pavarandocito, Sabanalarga, Olaya, San Andrés, Frontino. En invierno y las horas entre las cinco de la tarde y las ocho de la noche, surgieron intempestivamente en cualquier sitio solitario, es la forma escogida para aparecerse, sobre todo en los días de mercado o ferias. Es una bella mujer cuya larga cabellera le cubre su cuerpo casi como un vestido, dejando ver sólo sus manos que poseen unas largas uñas. Parece como si andará por el aire debido a la rapidez como aparece y desaparece. Se ha tejido diversas historias sobre su origen: una doncella violada por un cura; una solterona hipócrita que murió de remordimiento pues se le descubrió un incesto; una bella noven violada por y asesinada por una turba de atracadores; el silencio y lo momentáneo de su presencia, son sus características. Cazador Desde tiempos inmemoriales trabajar los días santos, como los domingos, Semanas Santas, fiestas Patronales, acarrea castigos Divinos, o las personas se "salan" y por mucho que trabajen nunca consiguen nada, antes "van para atrás, como los cangrejos". Existe una conseja en tierras de colonización paisa, hasta las llanuras del Tolima, de un Cazador que fue tragado en compañía de su perro por una montaña rocosa ubicada en las espesuras de los bosques. Este fue un castigo a ojos vistos, pues este Cazador acostumbraba hacerlo hasta en días prohibidos, y un Viernes Santo empezó a sentirse un aullido lastimero de su perro, acompañado de un grito profundo y desgarrador de su amo, lamentando su desgracia. Extensivamente el grito y el aullido se escuchan en la espesura de los montes, en las orillas de los riachuelos en donde se cree abunda la caza. Cole Cabuya Aparece de noche cerca de los hogares donde se practica el incesto, echado en la tierra y atravesado en los caminos; es una bestia diabólica con apariencia de perro unas veces y otras de burro, su cola es parada, erguida, con forma de una flor o espiga de cañabrava, como de cabuya. Con su sola mirada provoca desmayos y la pérdida del habla. Cura sin Cabeza A comienzos del pasado siglo había en Medellín un "espanto" que salía en el sitio conocido como "El Camellón del Llano", era el "Cura sin Cabeza". Los viernes entre las once y las doce de la noche al pasar por "El Camellón del Llano", por el mismo camino que conduce o conducía al "Alto del Bermejal", y pasando por el frente de la capilla de Jesús Nazareno se "topaba uno con un bulto" como con hábito, y al acercársele para reconocerle quién era, se notaba que era un cura fraile, pero sin cabeza, quien empezaba a llamar con su mano huesuda. La gente se privaba del susto, y muchos quedaron bobos o locos de remate. La conseja dice que es un ánima en pena de un cura que se murió debiéndole unas "Misas a San Gregorio", que le habían pagado. También que son las almas en pena de muchos curas decapitados por lo liberales durante las guerras civiles del siglo antepasado. Esta conseja espanto se encuentra a lo largo de Antioquia, Colombia y varios países de América. Cueva del Gato Negro En la vereda "La Clara", al borde del camino real que unía a Girardota con Rionegro, existe el sitio llamado "Peñolcito" donde se forman unas cavernas parecidas a salones, creyéndose una sepultura indígena; de sus profundidades sale una gallina o animal semejante, completamente de oro, rodeada de pollitos del mismo brillo y metal, los que desaparecen de un momento a otro. La entrada a la gruta o caverna la guarda un enorme gato negro, con ojos de fuego y chispas multicolores, con ensordecedores maullidos lastimeros como de gata en celo. Quienes han ingresado a este lugar, jamás han regresado. Otros que lo han intentado han quedado casi ciegos y con heridas que nunca sanan, de las que emana aguasangre. Dama Verde En ciertas calles desiertas de los pueblos, aparecía una garbosa mujer, insinuante, con trajes vistosos y transparentes, tongoneada y olorosa a "Pachulí" pero con la cara tapada con un velo oscuro. Hacía señas con insistencia y finalmente lograba que algún hombre de esos "mujeriegos", creyendo que fuera una de "esas", la acompañara. Se sabe que muchos lo han hecho, pero han sido encontrados privados del susto. El espanto de La Dama Verde es de zonas mineras, y esa mujer toda vestida de un verde brillante lleva a los varones que la siguen hasta el propio cementerio. Luego se destapa su cara, pues no se le ve con el velo oscuro y besa con furia a sus víctimas quienes al darse cuanta que besan a una calavera casi quedan como muertos. |
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