sábado, 22 de noviembre de 2008  
 
 

  Envía    Imprime  Alértame Autor de página
Página agregada o modificada: lunes, 18 de abril de 2005

Cuando nos sentimos irritados o preocupados, a menudo tenemos que reprimirnos para no manifestar nuestra agitación de una forma evidente, pero inconscientemente revelamos nuestro estado a través de algunos sutiles indicios.

Nuestra reacción natural en caso de ira o de ansiedad consiste en luchar o en huir;  nuestros cuerpos se preparan para tales alternativas: respiramos más aprisa, empezamos a sudar y nuestro pulso se acelera.  Pero son muchas las ocasiones en las que sabemos que no nos es posible ni luchar ni huir, por lo que instintivamente nos sintamos irritados, pero comprendemos que no lo ha hecho deliberadamente y que no podemos manifestar nuestros auténticos sentimientos en un lugar público.  Por consiguiente, en vez de apostrofar a esa persona o de cogerla de un brazo agitándola, nos limitamos cortésmente a decir que no tiene importancia.  Pero es posible que hayamos enrojecido y que enjuaguemos nuestra ropa con movimientos convulsivos, signo que revela nuestra irritación.  Algo   semejante ocurre si nos da miedo el avión, pero sabemos que no tenemos más destino.  Los viajeros preocupados no huyen, se limitan a comprobar una y otra vez que llevan su equipaje y su pasaje o se sientan a tamborilear con sus dedos.

El hábito de las situaciones de tensión no le protegerá necesariamente evitando que se sienta agitado, pero es posible ejercitarse hasta lograr un determinado grado de control.  Un político experimentado parecerá tranquilo cuando los periodistas le formulen las preguntas más difíciles o críticas, porque sabe que sus electores confiarán más en él si se revela dueño de la situación.  ¿Pestañea a menudo y rápidamente o alza sus hombros entre pregunta y pregunta?  Estos son indicios sutiles de agitación interna.

Quiénes Somos | Contáctanos | Privacidad | Términos y Condiciones de Uso
© 2001 - 2007 www.medellinweb.com. Derechos Reservados