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lunes, 03 de noviembre de 2008


La 33 marca la expansión comercial que vive la ciudad

Desde la carrera 55 (glorieta del Palacio de Exposiciones) hasta la carrera 84 se extiende la Avenida 33, una arteria que puede ser el gran medidor del progreso de Medellín en el sector occidental, el antes llamado Otrabanda.

Empezada a construir en la década del sesenta, inicialmente como un enlace entre la calle San Juan y la avenida Bolivariana, la 33 se volvió, con los años, una vía de trascendental importancia para la expansión de la ciudad en el lado occidental y el crecimiento de barrios como Laureles, San Joaquín y Belén.

Y aunque hoy se vea como un corredor comercial, no siempre fue así, pues su vocación inicial era estrictamente residencial.

Lo dice Mauricio Restrepo, quien llegó al sector hace cuarenta años y ha sido testigo ocular y vivencial de su transformación. Para él, que gusta del ambiente apacible, allí ya no se puede vivir.

"El ruido se ha vuelto exagerado, hay muchos carros, buses, volquetas, antes no era así, se podía vivir tranquilo", responde Mauricio cuando se le interroga sobre qué avizora para esta avenida en el futuro.

No le es difícil el pronóstico. Se pueden contar con los dedos de la mano los inmuebles destinados a vivienda que quedan sobre el corredor vial. Y en los que aún habitan familias, afloran los letreros de "se vende" o "se arrienda".

El destino es el éxodo total. Como se ve ahora, la 33 será sólo negocios, los cuales han llegado como en desbandada en la última década.

De día, el flujo de personas que circulan por la avenida es de paso ocasional, gente que va a los gimnasios, clínicas, consultorios, locales comerciales, almacenes de motos y carros, veterinarias y a los cientos de negocios instalados.

En la noche, igual, son visitantes ocasionales que llegan a sus bares, restaurantes, discotecas y demás sitios de rumba.

En los 333 años de Medellín hay que decir que, para bien o para mal, marcada por el mismo signo del 3, la 33 expresa a ese Medellín moderno, que se expandió al comercio y al turismo y que, en el cambio de vocación, terminó expulsando a sus primeros pobladores.

Y aunque hoy no es sitio ideal para echar raíces, hay gente feliz: los comerciantes, "porque hay mucho desarrollo, es una ventaja tener negocios por aquí", según afirma Jaime Galeano, dueño de una micro empresa de sillas de mimbre.


 
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