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martes, 21 de octubre de 2008


Llegaron risas y poemas

Hay comunidades tan enseñadas al olvido que creen, como María Imelda Estrada, que con tener agua, luz y teléfono, lo tienen todo.

Ella, de 51 años, vive en la vereda Peñas Blancas, de La Estrella, un pequeño y muy viejo caserío en una empinada loma en el sector occidental de la localidad y en donde, ¡está bien!, se goza de los servicios públicos básicos, pero no más.

Y María Imelda se amaña porque siente que el sector es tranquilo, fresco y muy verde. Pero jovencitas como Natalia Guerra, de 17 años, ven frustrados sus sueños al vivir en un lugar tan pobre.

Natalia quiere practicar baloncesto, pero no puede porque en la zona no hay una cancha ni un parque que la posea. Tampoco puede irse con las amigas a un sitio de diversión para adolescentes y lo más que puede hacer para darse cuenta de que es joven es "irme a caminar, así hago ejercicio".

La joven relata que sus padres la dejan salir, pero se pregunta, "¿a dónde?, si me tengo que ir a La Tablaza -un sector más urbano- y si me coge la noche ya no hay taxista que me suba...".

Igual les pasa a otros jóvenes y ni qué decir de los niños, que deben contentarse con corretear en los 30 metros de calle plana que tiene la vereda, porque lo demás es una loma insufribe que arranca en la vieja carretera a Caldas.

"Esto es bravo pa'l transporte, sólo suben chiveros y nos cobran a 4.000 pesos, los taxis no todos suben, a muchos les da miedo que los atraquen", relata Ana González, de 70 años, nacida y criada en la vereda. Y quisiera irse, pero no hay dinero.

Cultura al Barrio
Y es éste el escenario a donde ayer llegó la Alcaldía de La Estrella con su programa Cultura al Barrio, que une a varias dependencias para visitar a todos los barrios y veredas locales, especialmente a los más necesitados, y darles una mañana dominical de esparcimiento, con actividades recreativas, deportivas y culturales.

Explica Édgar Mesa, profesor de cultura y artes, que el programa lleva cinco años y que en 2008 ha visitado ocho sitios. Participan las secretarías de Cultura y de Seguridad Social y Familia, el Indere (Instituto de Recreación y Deportes) y la Casa de la Cultura, con la idea de compartir con las comunidades y que ellas se expresen y den a conocer sus talentos.

Ayer llegaron a la vereda el cantante Hárold Osorio y el poeta de 14 años Daniel Hernández, quienes, en su orden, declamaron y entonaron canciones ante niños, jóvenes y amas de casa.

"Este programa ganó un reconocimiento del Ministerio de Cultura en el Programa Nacional de Estímulos, con una pasantía en Cuba, donde lo mostraremos y ellos vendrán a compartir sus experiencias de este tipo", explicó el profesor.

Edwin Benjumea, gerente del Indere, reconoce todas las carencias de Peñas Blancas y por eso le da un alto valor a esta actividad, "como no tienen ni escenarios, hay que traerles nuestros programas, la idea es descentralizar y masificar la actividad lúdica", dijo en medio de la chinchamenta que jugaba en el inflable instalado en mitad del caserío.

"Hemos sido culpables de un homicidio, exterminar la fase existencial... culminar con el medio ambiental, deforestar nuestra calma, nuestros bosques de paz...", recitó Daniel y los niños, la mayoría menores de diez años, aplaudieron.

La verdad, no creo que le entendieran, pero así se siembra la semilla del arte y se despiertan sensibilidades. Y a las mamás y abuelas les quedó constancia de que en la Alcaldía se acordaron de que Peñas Blancas existe, con agua, luz, teléfono... y un sinfín de necesidades.


 
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