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martes, 11 de noviembre de 2008
San Diego: a tres cuadras del corazón
Es una conversación de mediamañana, con parva y tinto, hablando de la vida, del pasado y el presente. Fabiola Zapata, Ligia Correa y Ernestina Zapata recuerdan que San Diego era un barrio feo, sin alma, al que llegaban más por necesidad que por gusto.
"Antes esto era pura manga, pura maleza. Yo me vine porque una hermana me ofreció un lugar y yo lo necesitaba", relato Ernestina. Ella llegó con sus hijos, sola y pobre. Y ahora, dijo, no se arrepiente.
A su lado esta Ligia. Ella recuerda que el barrio se fue formando desde San Juan hacia el sur. Hacia Las Palmas. Era un lugar vacío, con las calles sin pavimentar, que en las tardes de invierno se hacían imposibles.
"Cuando uno iba a coger el bus para ir a cualquier lado uno tenía que llevar dos pares de zapatos. Los viejitos para pasar por el pantanero que se formaba cada vez que llovía y cambiarse los buenos cuando ya estuviera en el bus", recordó Ligia.
Pero no se cambian a ninguna parte de Medellín. Con el tiempo, ese arrume de casas con espacios verdes sin estética, se fueron transformando en un barrio ordenado, limpio y sano.
La transformación Pero de un momento a otro San Diego pasó de ser un barrio tranquilo y sin sobresaltos a ser objeto de algunas inversiones importantes en infraestructura y espacio público en los últimos años.
Primero fue el parque San Lorenzo, una audaz obra en un sector dominado por las sombras y la delincuencia, aprovechando la cercanía a un cementerio.
Después fue la ampliación de la avenida Girardot desde San Juan hasta la vía de las Palmas, lo que posibilitó una salida del centro más rápida hacia el sur del Valle de Aburrá.
Y finalmente, el colegio que ya se encuentra en la etapa final de construcción en el sector conocido como Niquitao. Estas tres obras le han cambiado la cara a barrios como el propio Niquitao, Las Palmas y por supuesto San Diego.
Lo que más agradece la gente con las obras es la valorización de sus viviendas. Joaquín Cardona vive hace 12 años en el barrio y según él, su casa vale hoy más que hace cinco años, gracias a estas realizaciones.
"La importancia de esas obras es que pusieron los ojos de la administración en este sector y ya no son simplemente casas, sino un sector con muchas posibilidades", dijo.
Sin embargo, esa gran inversión también ha traído algunos problemas. El principal es que los nuevos andenes no tuvieron en cuenta el manejo del agua que cae sobre la calle cuando llueve.
"Nosotros no teníamos problemas antes de la avenida, pero ahora, cada vez que cae un aguacero, se nos mete el agua. Eso es responsabilidad de los que construyeron la obra".
Otra petición, es la de ubicar un semáforo en la entrada del barrio, cuando la avenida Girardot atraviesa el Parque San Lorenzo, con la idea de evitar accidentes.
Sin embargo, hasta ahora no ha sido posible, debido a que la avenida es una vía rápida.
Los habitantes viven felices con este barrio por la gente, la convivencia entre los vecinos, pero ante todo, y en esto coincide la mayoría, es que está muy cerca del centro.
"No necesitamos bus para hacer ninguna vuelta.
Estamos cerca de la Alpujarra, de la Oriental, del Hueco, del Centro Comercial San Diego. Una maravilla", concluyó Fabiola.
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